lunes, 4 de junio de 2012

LA FIESTA DE LOS LIBROS

Llego a Madrid para la Feria del Libro. Las arboledas del Retiro y del Paseo del Prado amortiguan la luz que hiere los ojos. Tan aturdido por la luz como por el sueño producto de excesos de la noche anterior, busco refugio entre las sombras del Retiro, con la misma destreza que suelo buscar la sombra en mis habituales paseos por la judería de Córdoba.
De pronto me encuentro ante esa mezcla ordenada y civilizada de libreros, lectores, literatos y en palabras de Muñoz Molina “esa mezcla democrática de jardinería y literatura”. Tantos puestos alineados a la sombra fresca de los árboles, tantos libros recién impresos con portadas de colores vivos que exageran su efecto por el hecho de su multiplicación.

Para mitigar el calor uno recurre al gusto de tomar una caña fría de cerveza con unos mejillones “Cuca” en uno de los bares desde los que se observa el lago, mientras hojea un libro recién comprado que desprende ese olor a tinta fresca tan característico.







Pude ver bastantes escritores, tuve el gustazo de conversar con Muñoz Molina, que me firmó una dedicatoria muy emotiva. Aunque gran parte de los escritores que admiro están muertos, pero como diría Auserón para los discos, para eso sirven los libros, para admirar y tener amigos muertos.